Si recibiste un video o un audio dudosos, o una imagen extraña en el grupo de la familia esta semana y te quedaste con la duda de si era real, tranquilo: no estás solo.
Según un levantamiento del Observatório Lupa, los contenidos falsos hechos con inteligencia artificial en Brasil se triplicaron con creces entre 2024 y 2025, representando un salto del 308%, pasando de 39 casos verificados en 2024 a 159 en 2025.
Más del 75% de ese material usa la imagen o la voz de gente conocida, con destaque para políticos como Lula, Bolsonaro y el ministro Alexandre de Moraes.
El detalle más interesante (y preocupante) es que esa desinformación también cambió de estrategia. Si antes la IA se usaba principalmente para estafas financieras, hoy casi la mitad de los contenidos generados por IA tiene un claro sesgo ideológico. Y WhatsApp, que ya fue prácticamente sinónimo de fake news en Brasil, bajó de casi 90% a 46% como principal canal de difusión. Y eso, no porque las fake news hayan disminuido, sino porque se esparcieron a más plataformas.
Ante ese escenario, crece una palabra que ya no es asunto solo, y a mi entender nunca lo fue, de académicos: la educación mediática.
¿Pero, al fin y al cabo, qué es la educación mediática?
De forma simple, es la capacidad de una persona de saber acceder, entender, cuestionar y usar la información que consume, sin caer en trampas, pero también sin volverse un paranoico que desconfía de todo. Es ese momento en que, antes de reenviar aquel audio “bombástico” en el grupo de la familia, uno se detiene y piensa: “¿De dónde vino esto? ¿Quién lo dijo? ¿Tiene sentido?”
Parece obvio, pero no es automático. Y los números lo demuestran.
Una encuesta del DataSenado, de Brasil, señaló que siete de cada diez brasileños ya vieron alguna noticia falsa, y el 91% de la población considera que las fake news son un peligro real para la sociedad. El problema no es falta de conciencia, sino la falta de una herramienta práctica para actuar ante la duda.
Es exactamente ahí donde entra el periodista.
El papel del periodista va mucho más allá de “dar la noticia”
En un mundo en que cualquier persona puede publicar cualquier cosa en segundos, el trabajo del periodista cambió de función. Ya no basta con solo informar, es necesario filtrar, contextualizar y enseñar a ‘dudar correctamente’.
Algunos puntos que marcan esa diferencia en este proceso son:
Curaduría y verificación. Mientras cualquier contenido se esparce en segundos, el periodista investiga, confirma fuentes, escucha a las dos partes. Es un trabajo que no aparece a la velocidad de la red social, pero es lo que separa la información del rumor.
- Contextualización. No basta con tirar un dato suelto. El buen periodismo explica el porqué de las cosas, junta las puntas, muestra el cuadro completo, algo que una publicación aislada difícilmente, o rara vez, hace.
- Transparencia de método. La educomunicación desempeña, en este contexto, un papel esencial. Mostrar cómo se investigó un reportaje (quién fue entrevistado, qué documentos se consultaron) le enseña al público, en la práctica, cómo evaluar cualquier otra información que aparezca después.
- Educador sin querer ser profesor. Cada “explica eso” que hace un periodista, ya sea en un boletín informativo, en un reportaje explicativo, o en un programa de TV o radio, es una pequeña clase de cómo pensar críticamente sobre lo que se lee.
Y por qué eso está cada vez más difícil
No se puede hablar del papel del periodista sin hablar de los desafíos que enfrenta hoy. El propio Digital News Report 2025, del Instituto Reuters, trajo un dato duro: la confianza de los brasileños en el periodismo está en el nivel más bajo desde 2015, con apenas el 42% de las personas con acceso a internet diciendo confiar en los grandes medios de noticias. Al mismo tiempo, el 46% de los brasileños admite evitar las noticias de vez en cuando o con frecuencia, el llamado “cansancio informativo”.
Además, la disputa por la atención de los influenciadores y, más recientemente, con la inteligencia artificial, donde el 9% de los brasileños ya la usan para buscar noticias, según el informe, tenemos un escenario en el cual el periodismo profesional necesita competir por espacio con contenido que no siempre pasó por ningún tipo de verificación.
Lo que ya se está haciendo
La buena noticia es que parte de la prensa entendió el mensaje y viene invirtiendo directamente en educación mediática, y no solo en producir noticias. Agencias brasileñas de verificación como el propio Observatório Lupa, Aos Fatos y Comprova nacieron justamente para verificar rumores, explicar cómo funcionan las fake news y enseñarle al público a hacer ese ejercicio por su cuenta.
Iniciativas como el programa Fato ou Boato del TSE (Tribunal Superior Electoral), de Brasil, enfocado en elecciones, y proyectos de asociación entre redacciones y escuelas, también muestran un camino: el periodismo no se limita a entregar el pescado, sino que enseña a pescar.
¡La educación mediática no es responsabilidad solo del periodista!
Pasa por la escuela, la familia, las plataformas digitales y las políticas públicas. Pero, sin el periodismo haciendo ese trabajo de investigación, verificación y explicación todos los días, la sociedad pierde la referencia que ayuda a separar lo que es real de lo que es ruido.
Y tú, ¿ya te detuviste a pensar cuántas veces verificaste una noticia antes de compartirla?
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